Cuando un recluso logró escapar de prisión en el condado de Montgomery, Texas, hace ya varios años, el departamento de policía tuvo que emprender el vuelo. El prófugo había huido hacia el bosque, lo que entorpeció la persecución y complicó las labores de los oficiales. Por fortuna, la comisaría logró que el departamento de seguridad civil les prestara un pequeño dron con cámara infrarroja con el que en menos de unas horas lograron encontrar y re aprender al reo. Desde ese día, en lugar de helicópteros usan drones.

Historias como esta consiguieron que los drones fuesen la sensación en ferias tecnológicas, tiendas comerciales y en la bolsa de valores durante la segunda mitad de la última década. Se hablaba con gran emoción de cómo esta tecnología podría ser empleada para casi cualquier cosa; desde entregar paquetes, hasta misiones de rescate y la fertilización de cultivos. Y aunque las aeronaves no tripuladas siguen siendo un importante pilar para el futuro, todo el entusiasmo exagerado de los últimos años ha comenzado a normalizarse. Con lo cual podemos decir que esta tecnología al fin ha madurado.

Las características de cada tipo Drones les dan la capacidad de hacer trabajos tradicionalmente difíciles y caros de realizar.

Los se dividen en dos tipos según su forma de volar: De ala fija y ala giratoria.

Los drones de ala fija son muy parecidos a un avión convencional pero mucho más pequeños. Sus principales ventajas son su velocidad, su eficiencia energética, la capacidad de carga y su simplicidad, a veces siendo únicamente necesario ensamblar 3 piezas para montarlo. En contraparte, muchos modelos necesitan ser lanzados manualmente para poder despegar, lo que puede provocar accidentes y la imposibilidad de usarlos en situaciones en las que deba quedarse quieto o cambiar de rumbo súbitamente.

Los drones de ala giratoria son llamados así por la forma en la que vuelan. Al contrario de los drones de ala fija, estos generan su propio viento debajo de ellos para poder volar. Son muy parecidos a un helicóptero tradicional pero sin tripulante. Su principal ventaja es la posibilidad de despegar y aterrizar verticalmente, reduciendo el espacio y habilidades necesarias para ambas maniobras. Además de contar con la capacidad de maniobrar en cualquier dirección y mantenerse suspendidos en el aire. En contraste, son lentos, pesados, mecánicamente complejos y energéticamente ineficientes, por lo que a veces es necesario hacer múltiples despegues para completar una tarea.

Ambos tipos de dron pueden emplearse para diversas tareas agrícolas, las cuales incluyen:

Inspección y vigilancia

  • Identificación de plagas.
  • Detección de áreas de estrés.
  • Monitoreo del desarrollo de cultivos.
  • Conteo de plantas.
  • Análisis de suelo.

Aplicación y cosecha

  • Aplicación de insumos y correctores directo a la planta.
  • Identificación de árboles con frutos listos para la cosecha.

Ningún dron por muy bueno o caro que sea, será apto para toda tarea ni funcionará bien en todos los escenarios. Por eso, antes de elegir alguno es importante responder estas tres preguntas:

  • ¿Qué tarea quieres que desempeñe el dron?
  • ¿Qué tan grande es la superficie que quieres cubrir?
  • ¿Bajo qué condiciones climáticas debe ser capaz de volar el dron?

Al responder estas preguntas, podrás elegir mejor el tipo de dron que se adapte a tus necesidades. Es decir, sus características, funcionalidades y sensores. De esta manera, no te quedarás corto ni tampoco desperdiciarás tu dinero.

Las ventajas del uso de drones en la agricultura incluyen:

  • Ahorro de tiempo.
  • Reducción de costos.
  • Disminución de incidencias.
  • Prevención de enfermedades.
  • Detección oportuna de plagas.

La toma de decisiones informadas es más importante que nunca. Los drones aportan datos para lograr una agricultura más eficaz, productiva y sustentable.

Los drones son más baratos que un vuelo tripulado y aceleran el proceso de obtención y análisis de información. Además que no requiere de una especialización profesional. Los ingenieros agrícolas o los agricultores pueden capacitarse en pocas semanas para operar cualquier tipo de dron, en comparación de los años que toma obtener una licencia de vuelo.

En México, la regulación de estas aeronaves aún es poco clara para muchos. La ley requiere el matriculado de drones de más de 25 kg, exige el registro de la aeronave ante la Dirección General de Aeronáutica Civil y prohíbe el vuelo nocturno. Aun así, la ley es suficientemente permisiva para que cualquier empresario agrícola que así lo desee pueda aprovecharlos sin mayor problema.

La maduración de los drones ha abierto las puertas al desarrollo de más tecnología y mejoras en sus características. En el futuro próximo esperamos ver mayor integración con robots, inteligencia artificial para el procesamiento de imágenes y las capacidades para el transporte y aplicación de insumos seguirá aumentando.